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¿A prueba de balas?

Bloguero Rafael Medina
Una bala, dos balas, tres balas y Superman sigue de pie, no me canso de esta escena, que es casi un clásico de las películas de este famoso superhéroe. ¿Quién no envidia esa seguridad con la que el elegante y estereotipado superhombre camina de manera segura exhibiendo su musculatura perfecta e impenetrable por las balas de los villanos que le disparan a “quemarropa”?, Pues todos nosotros, ¡todos!… menos Neo, en The Matrix, él prefiere esquivarlas exageradamente al estilo de M. Jackson, sin embargo, ambos tienen dos cosas en común, la primera es que no se despeinan ni ensucian, misterio de la física que aún no se consigue explicar, la segunda es que no se dejan lastimar.

Eleanor Roosevelt osó en decir: “Nadie puede herirte sin tu consentimiento”. Ella fue primera dama de los Estados Unidos en alguna ocasión, y es una de las líderes femeninas más influyentes del siglo XX. Lo increíble, es que su madre falleció cuando ella apenas tenía 2 años de edad, su hermano falleció cuando ella cumplió 3 años y su padre también murió cuando ella cumplió los 5 años y aun así, participó en la creación de las Naciones Unidas (ONU), la Casa de la Libertad y la Declaración de los Derechos Humanos, lo que me hace sentir pésimo al darme cuenta que esta mañana, me he quejado porque derramé café en la camisa que más me gustaba, algo tan trivial.

No obstante, no hace falta ser Roosevelt, ni Superman, ni Neo para empezar a comprender desde nuestra posición de seres humanos que todo aquello que nos afecta de manera negativa, nos lastima o nos hace daño, es así porque nosotros mismos lo permitimos. Vaya que es complicado digerirlo, decirlo suena muy lindo, pero nos gusta pensar que todo el origen de nuestros males proviene del exterior, de afuera de nosotros y nos lastima, cuando esta afirmación dice lo contrario: que uno es el que decide qué lo lastima y qué no, la cuestión es que hasta el mismísimo Superman, que camina engreídamente mientras las balas rebotan en su pecho, no puede evitar ser lastimado por una piedra verde y brillante proveniente de un meteorito a la que llamaron kriptonita.

Puede que en los cómics ocultaran este secreto adrede, todos tenemos una kriptonita, un punto de  inflexión. Sin embargo, los budistas retan al sistema, ya que está comprobado mediante resonancias magnéticas que ellos pueden controlar sus ondas cerebrales y así “decidir” qué sentir, es decir, tienen el control pleno de su mente. Claro está, para ellos allá en el “Himalaya“, sin Internet, tráfico vehicular, televisión, mucho frío, viento y nieve, tienen la suficiente motivación para dedicarse sólo a eso, a aprender a controlar su mente.

Debemos aprender más de esta gente tan sabia, despegada de lo material y de preocupaciones tan banales como ¿Qué shampoo me compro hoy? Pues ellos no usan cabello. Y entender que, en el ámbito emocional, nadie nos puede hacer daño si nosotros no se lo permitimos, nuestra alma emocional funciona como puertas que cada uno de nosotros abre y cierra a quién desea, usémoslas inteligentemente. Éxitos y bendiciones.

 

Sobre el autor: Rafael Medina. Bloguero. Estudiante de Administración UCV, escribe sobre economía, mercados nacionales e internacionales.

Acerca del bloguero

Rafael Medina

Redactor creativo.
Lo suficientemente curioso como para asustarte. Doy mi opinión sobre finanzas y marketing.
CEO de @ElEacista.