Concurso Blogueros Opinión Reflexión Relatos

Ávila eres y en Waraira te convertirás

Bloguero Rafael Medina

Otra mañana nos recibe con su luz en esta ciudad tan agitada. No es mi intención parecer poético ni dármela de escritor pasional, pero creo que es indiscutible el hecho de que cualquiera que sea nuestra situación emocional, la montaña siempre consigue curarnos. No sé si me pasa sólo a mí, pero levantar la mirada y ver esa imponente muralla verde llena de paz, tan serena, no hace más que traerme una ola de tranquilidad y recuerdos de otros tiempos, tiempos que no eran ni más ni menos placenteros que hoy, pero sí especiales.

Durante mucho tiempo la llamamos “El Ávila”, aunque desde hace unos años nos exigen llamarla Warairarepano por cuestiones de recuperar el sentir nacionalista. Pero el nombre no cambia nada, sigue siendo la misma y a ella no parece molestarle si le dices de una u otra forma.

El guardián de Caracas

Vamos a ver, desde hace mucho tiempo se dice que esta montaña es el guardián de Caracas, la sucursal del cielo. No sé si lo de guardián sea por alguna teoría Maya del fin del mundo que dice que un tsunami puede hundir la ciudad, pues no se preocupen, el fin del mundo siempre es en New York, así se ve en las películas y no existe ningún argumento que demuestre lo contrario. Tengo una teoría diferente, más hacia el guardián de los Caraqueños. ¿Cuánta gente no escapa y se esconde en sus faldas para sentirse en paz por unas horas?

Pero regresemos al tsunami porque a la gente le gustan los temas catastróficos. ¿Por qué será? Me pregunto. Parece ser que el motivo radica en nuestro “morbo” por el cambio. El ser humano siempre ha sido una especie intrigada por los cambios, a veces hasta temerosa. Las catástrofes no representan más que un cambo brusco en los estándares de vida, alejándonos por un momento de la rutina diaria. No de gratis los videntes siempre andan vaticinando catástrofes, miren 2012, aunque se equivocaron de fecha nuevamente, la película fue entretenida.

Inspiración a millón

Bien, no nos desviemos. Muchísima gente se ha inspirado en esa montaña. Cuántos poetas no le han escrito, cuántos aventureros no la han explorado, esa montaña es para nosotros como la luna para los americanos y los rusos; la queremos, la admiramos y nadie la puede tocar porque nos pertenece. Bueno, la luna no es de ellos, pero cuidado y ya no jugaron adelantado. China también la quiere, me refiero a la luna, no a la montaña, porque allí no hay petróleo.

Definitivamente, por más calamidades que afrontemos ella seguirá siendo guardiana. Nos separa del mar y nos brinda un clima fresco. Quizá necesitemos de más “Warairas” en el país, en nuestro día a día y en nuestra alma para vivir tranquilos y frescos. Seamos nuestros propios Warairas diría yo, aunque debo definirlo mejor.

Éxitos y bendiciones.

 

Sobre el autor: Rafael Medina. Bloguero. Estudiante de Administración UCV, escribe sobre economía, mercados nacionales e internacionales.

Acerca del bloguero

Rafael Medina

Redactor creativo.
Lo suficientemente curioso como para asustarte. Doy mi opinión sobre finanzas y marketing.
CEO de @ElEacista.