Expatriados y Covid 19

(y no morir en el intento)

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La vida de un expatriado, no importa de qué nación sea, nunca será sencilla. Sea donde sea que este se encuentre, deberá enfrentarse a un sistema social que no es el propio, quizás con una lengua distinta y con sistema legal que puede o no apoyarle, con xenofobia, con prejuicios. Y peor con este virus malévolo.

Desde mi perspectiva, estando en Perú desde hace ya casi 3 años, la cosa no ha sido tan difícil para mí, pero si para otros compatriotas. Simplemente, estamos desasistidos.

Los pocos que contamos con un estatus legal y que en algún momento llegamos a tener un empleo estable, lo hemos perdido por la pandemia y no contamos con un seguro médico, ahorros, familia o cualquier otra forma de apoyo a quien recurrir. Acá, la salud no es gratuita, así te estés muriendo. Y se logras traspasar esto, tienes que pagar, aunque sea en cuotas.

Cosa aparte son las ONG´S e iglesias, que sin distingo de religión y que con pocos recursos, han ayudado a varios compatriotas, pero con recursos limitados, no a todos les llega.

Otra cosa terrible, es que por la culpa de muchos delincuentes y otras personas de mal vivir, generalizan y ganamos una mala fama inmerecida, ya sea en Perú, Brasil o Panamá por mencionar solo algunos.

¿Y saben que es peor? Que nuestras propias autoridades, legales o impuestas, poco hacen por mejorar la situación. La embajada “oficial” no presta ningún apoyo, y la “reconocida” por otras naciones, tampoco. Ya sea por ineficiencia o falta de recursos, la poca ayuda que han podido brindar ha sido a pocos y no constante, dejando a la mayoría por fuera.

¿Dónde están los recursos que las naciones han dado para enfrentar la crisis humanitaria de Venezuela? Entiendo que no haya sido posible hacerla entrar a Venezuela por la culpa del nefasto gobierno, pero ¿porque no tomar una parte de el para ayudar a los que estamos afuera? Con parte de ese dinero, se podría solucionar problemas de salud, alimentación, estatus legal, etc.

Personas sin pasaportes, apenas con una cédula de identidad, otros con pasaportes vencidos o por vencer pudiesen ser asistidos perfectamente a través de convenios para otorgar un pasaporte humanitario, que les permita viajar de país a país cuando la pandemia lo permita, eso a su vez les ayudaría a conseguir un empleo, ya sea acá o en cualquier otro país. O a aquellos que tiene páginas libres es sus pasaportes, una prórroga por 10 años o algo así. Es cuestión de voluntad política, es cuestión de aportar ideas o pedir ayuda si no tienes unas propias. Estas donaciones podrían ser otorgadas a las naciones anfitrionas y así solucionar los estatus migratorio.

Por prensa y por allegados, la situación del venezolano es similar en otras naciones, xenofobia, dificultades para tener un estatus legal, ubicar empleo o vivienda. Y de naciones que una vez solicitaron nuestra ayuda. Muy triste.

¿Qué hacemos entonces para vivir en esta circunstancia? Pues algunos reviven el drama de devolverse a la patria a pie, solo para encontrase con la pared más dura que existe, que simplemente no te dejan entrar a tu nación  y les ha tocado devolverse. O que seas humillado por tus propios compatriotas, hacinados o despojados de las pocas pertenencias que lograste acumular. El venezolano es el peor enemigo del venezolano, por desgracia.

Otros salen a la calle a trabajar lo mejor que pueden. Conozco familias enteras que están en la calle, vendiendo desde dulces hasta vendiendo café en las calles, tortas, limpiando vidrios en los semáforos, etc. Otros trabajando en restaurantes o como motorizados sin mayores beneficios y tan solo algunos poco afortunados, logramos empleos que eran estables y con beneficios mínimos. Hasta que a alguien se le ocurrió comerse un murciélago!

A pesar de lo anterior, damos gracias a Dios porque contamos con un techo sobre nuestras cabezas, un plato de comida en la mesa y la posibilidad de trabajar en alguna cosa que te permite llevar como puedes tu vida.

Y acá, otra gran deficiencia de algunos de los países anfitriones. Cientos de profesionales sub empleados, dedicándose a labores honradas, pero desaprovechados. Todas la naciones del mundo necesitan trabajadores calificados, no importa el área. Los países necesitan maestros, profesores, médicos, enfermeras, artesanos u obreros. Estos dan ingresos, conocimiento y cultura a los países dónde Dios nos llevó y que permitirían una relación simbiótica.

Y ahora, lo que estamos fuera vemos que vendrán unas vacunas contra este mal y nos preguntamos, ¿Cómo accedemos a ellas? ¿Seremos considerados?

Una duda más que agregar.

Esa es la vida para algunos de los venezolanos expatriados en tiempos del covid 19.

Ramón Otero-Díaz